domingo, 8 de marzo de 2009

Atentidós: No te veía venir y te tenía delante


El pasado jueves la A2 estuvo colapsada por obra y gracia de Telefónica. Esta empresa, que no sólo tiene colapsadas sus líneas de voz y datos, ha decidido que no era suficiente con los bits y ha ampliado su rango de actuación a las vías de comunicación terrestre.

El cartel que tenía situado en el tejado de uno de los edificios de la Avenida de América casi salió volando por la fuerza del viento (ahora sabemos cómo vuela Tidós).
Los bomberos tuvieron que desmontar dicho luminoso, que era tan dañino como las propias facturas de la compañía.

En el vídeo (de El País digital) se puede observar el estado en el que quedó el cartel tras los golpes del aire. Así me quedé yo cuando me llegó el primer recibo tras comprar mi primer módem.

He de reconocer que de esta noticia me enteré al día siguiente... ¡¡y eso que vivo al lado!! Y digo yo: un poco más abajo, en la misma Avenida de América, hay un luminoso de Vueling... y justo en Avenida de América 1 hay un luminoso de Iberia... ¿Casualidad? ¿Tal vez Tidós Airlines? Who knows...

Dicen que de Madrid al cielo... Pero el lema ahora es de Telefónica al suelo.

sábado, 7 de marzo de 2009

Lo estamos preparando... EuroNavidad.


Ya falta menos para el festival de Eurovisión.
Poyeya, quiero decir, Soyaya... Ays, no sé hablar, Soraya (que no el pintor Sorolla) nos va a representar en Moscú el próximo 16 de mayo.
Si quieres escuchar su tema: http://www.rtve.es/television/eurovision2009/candidatos/soraya-arnelas-rubiales.shtml

Me estoy yendo por las ramas de eucalipto (Ñam, Ñam, eñeeeee).
Todo esto es para comentaros que ya estoy preparando la Navidad que no tuve y la cuenta atrás será desde 24 días antes de dicho festival. El 16 de mayo será 24 de Diciembre, así que si hacemos la cuenta a la inversa, el 23 de abril comenzará el Advent Calendar de los Playmobil (que se muestra en la foto).

Más información en próximas entradas.

La muuuleta de Baaaroja es roja (de color)


Esta entrada tendría un segundo título, a tenor de la intención con la que salimos Noi y yo en la tarde del viernes: La Cow Parade.

Ha sido una tarde muy divertida. Tras haber tenido que cancelar la Karaoke party porque Isra no podía venir (queda postpuesta a la próxima semana), yo quedé sin ocupación. Y puesto que Gema tenía que comprar las viandas para la fiestuqui de mañana para celebrar el cumple de Esteban, Noi también quedó libre. Así que decidimos dar una vuelta por Madrid centro y hacer el recorrido de la Cow Parade (http://www.cowparademadrid.com/).

Empezamos en la plaza de Colón y de ahí fuimos bajando por Recoletos hasta Cibeles. Subimos a la Puerta de Alcalá, de ahí cogimos Alfonso XII hasta Atocha y, por útlimo, subimos por el paseo del Prado hasta las Cortes. Nos hemos dejado muchas vacas por ver en otras zonas, pero teniendo en cuenta que mi tobillo parecía el poste de un semáforo ya nada más salir de casa, no era cuestión de tentar a la suerte (y llamar a urgencias).

Vacas de todos los colores, estampados, posturas y formas. Una de las más divertidas era la vaca "Café olé", bañándose en una taza de chocolate... con leche que ponía ella xD.

Muy castiza la de la Puerta de Alcalá, frente a la homenajeada.

Junto a ella, una preciosa vaca "Guernica", que con el color ceniza de esta tarde quasi lluviosa, conjuntaba perfectamente.


Como yo soy fotoalérgico (alérgico a las fotos, que no a la luz), pero también quería que se supiera que esas fotos eran mías, en un alarde de "originalidad" evocamos a la película de Amélie y, en vez de poner un gnomo de jardín en cada lugar, pusimos algo característico de mi nueva situación: l'amuleta de la suerte.


El momento más gracioso fue en la Cuesta de Moyano. Allí, junto a la estatua de Pío Baroja, ocurriósenos ponerle la muleta porque el hombre parecía necesitar una (debido al avanzado estado de edad, que no de descomposición, algo complicado en el bronce).

Al final de toda esta jornada, y viendo el estado de mi tobillo, casi me decido a pintarlo con vívidos colores y plantarlo en la Cow Parade como una vaca más.

Si queréis ver el resultado de este primer asalto, lo tenéis en http://picasaweb.google.es/danifgx/CowParade

lunes, 2 de marzo de 2009

Koalita & Slumdog millionaire


¿Quién ha dicho que los cojitos no pueden ir al cine? Pues si alguien lo ha dicho, lleva razón: no se nos puede sacar de casa. Ir a los baños de Kinépolis con todo el suelo mojado, intentando esquivar charquitos y no resbalar para no ver más de cerca los charquitos, es una experiencia casi tan narrable como la de Ikea.
Pero al margen de aventuras y desventuras con las muletas, hoy he venido a hablar de mi peli; y si no se habla de mi peli, me voy. Do you remember? xDDD.

Ayer fui a ver Slumdog Millionaire, fulminante ganadora de la última edición de los Oscars. Tenía buena pinta, todo el mundo decía que se merecía tantos galardones. Y, además, para mí era el reecuentro, hacer las paces con el cine, tras estos últimos meses de locura y frenesí.

Un guión bastante original: un chico de la India, de clase paupérrima, que gana el famoso concurso ¿Quién quiere ser millonario? es el hilo conductor para contar la vida de Jamal, su hermano Salim y la chica de su corazón, Latika. ¿Está haciendo trampas en el programa?
La miseria de la India, la crueldad de los que no tienen escrúpulos para matar, las desigualdades económicas y sociales, y otras tantas cuestiones de este mundo en el que vivimos son la esencia de este largometraje.

Pero, reflejando sólo pena y desazón, se convertiría en un documental. Y en Hollywood no premian a los documentales, al igual que la gente no suele ir en masa al cine a ver este género. Como película de Bollywood que es, el amor tiene su pequeña cabida, pero sin llegar a empalagar. Se agradece también que no sea un musical de la India, porque no creo que nos fuera a calar de la misma manera.

El montaje de la película, sin ser sorprendente, es el adecuado para entender el pasado y el presente, que se entremezclan de una manera un poco abrupta al principio. Una vez que te acostumbras, sabes cuándo va a saltar de un momento a otro. En ese momento la película pasa volada, casi sin enterarte.

Una banda sonora que está a la altura de la película acompaña a todo el filme. Sonidos étnicos de la India, característicos sin ninguna duda, pero que juegan un papel adecuado durante las dos horas.

En resumen, una película tierna y dura, original y predecible, pero que merece mucho la pena ir a ver y que, como diría mi amiga de Homozapping, "os la encomiendo".

domingo, 1 de marzo de 2009

The IKEA experience

Según la RAE, en su segunda acepción, amable es el que es afable, complaciente, afectuoso (bueno, la verdad es que la definición no es el (Esto)colmo de la precisión, pero me sirve). IKEA es estas tres cosas, como un Kinder Sorpresa.
  • Es afable, porque todos sus empleados me trataron de manera exquisita y con buena cara.
  • Es complaciente, porque me sentí satisfecho con su trato.
  • Es afectuoso, por el cariño con el que me arroparon.
Realmente el mensaje iba a empezar de otra forma, pero tenía que dejar el pabeÑón ortográfico bien alto, como sillón Ñ que soy. Así, el comienzo original planeado era:

Día 49 de mi cautiverio...

Ya que el viernes por la mañana salí un rato a comprar, no puedo hablar de ese cautiverio. Empieza aquí la historia de mi liberación.

Necesitaba comprar unas cosas para mi casa. Por supuesto que podría habérselas encargado a alguien. Pero entre la necesidad atroz de darme un paseo y la de matar al gusanillo que entra cuando vas a comprar en Ikea, decidí que yo también tenía que acudir a la cita, pertrechado con mis muletas. Lo del gusanillo se llama consumismo (no voy a hacer el chiste de la crisis), y es que cuando estás en esta tienda acabas llevándote infinidad de artículos con los que no contabas. Y da igual, tú dices que vas a ir a comprar lo justo, pero acaba cayendo el portafotos Gromenauer o la caja de almacenamiento Grijander. Igualito que Anónimo Cobarde cuando va a ElectricBricks a comprar Legos.

Voy a omitir la parte en la que, por culpa de una llamada inoportuna antes de salir de casa, me dejé la cartera y luego tuve que hacer malabares financieros para poder comprar las cosas sin que tuvieran que traerme de vuelta. Santa paciencia mi hermana.

Antes de comprar, había quedado con mi amiga Suu para vernos un rato y desayunar juntos. Ella vive al lado del Ikea de la Gavia, así que aprovechando mi primera salida ociosa internacional en calidad de minusválido, hicimos una quedada matutina. El sitio, la puerta de entrada, a la que llegamos puntuales mi hermana y yo. Nos metimos en la tienda y me dirigí raudo y veloz (coñas no, ¿eh?) hacia el ascensor. En ese momento, una cosa azul y amarilla empezó a correr tras de mí y a gritar entrecortadamente por el esfuerzo: "Eeeeeeeeeeeeh".¡Mierda! - pensé, imaginando que se reservaban el derecho de admisión para cojitos. "¿No querrás una silla de ruedas?" - añadió ella. Lo primero que se te pasa por la cabeza es decir: "No, ¿acaso piensas que no me puedo mover?". Es el orgullo / vergüenza. Pero 1 nanosegundo después tu pierna "buena" te pega un tirón de orejas (no me preguntéis cómo lo hace, pero juro que lo hace) y te dice: "Tú eres muy tonto, coge eso ahora mismo". Lo segundo que piensas es: "¿Tienen sillas de ruedas para dejar a la gente?". Esa pregunta queda respondida al instante, en cuanto eres consciente del ofrecimiento.

Con una sonrisa Profident, le dije que íbamos a desayunar y que, como tenía que volver otra vez para comprar las cosas, sería en esa segunda ocasión en la que les solicitaría la silla. Pero ya me hicieron sentir bien, se me quedó un buen sabor de boca incluso antes de papearme los churros y el donut del desayuno. Fuimos a la cafetería y yo, que me había dejado la cartera, no fui invitado al café gratuito que te dan con la tarjeta de fidelización del establecimiento (y que, como buen soltero que vive solo, por supuesto tengo).

Al término del homenaje culinario, fuimos a casa de mi hermana para realizar la acrobacia financiera de la que hablaba antes. Diez minutos después estábamos de nuevo en Ikea dispuestos a afrontar ese nuevo reto: la silla de ruedas.

Volví a entrar con mis (bueno, son de Suu) flamantes muletas rojas. Me acerqué al mostrador y me dieron la silla de ruedas. Hasta se ofrecieron a guardarme las muletas, pero preferí quedármelas por si tenía que ponerme de pie en algún momento para mirar algo. Mi hermana, que muy recientemente ha hecho un curso de Celador de hospital, en el que no había hecho prácticas con pacientes reales, se puso su bata, guantes y mascarilla imaginarios y tomó las riendas del vehículo. Como en Lluvia de estrellas, aquella mañana Ikea interpretó a Ramón y Cajal.

Una vez en el piso de arriba, mi hermana, totalmente identificada con Niki Lauda, me llevó velozmente por todas las secciones y recovecos. De vez en cuando tenía que recordarle que parara un poco, ya que a esa velocidad los precios se veían así: "======". La silla, que estaba un poco baja y no había manera de subirla, rozaba con el hierro de los reposapiés en el suelo. En más de una ocasión nos sentimos como en las carreras ilegales de coches, en las que la fricción de la llantas en el asfalto producen esas características chispas.

Mi hermana, como conductora de la DGT es muy buena; como celadora no lo sé. Pero todo junto es una combinación explosiva (y no hablo de picardías y liguero). En un par de ocasiones me dejó aparcado en medio del pasillo, sin las luces dadas, con el consiguente atasco por semejante pirula. En ese momento me sentí desvalido, solo, abandonado. Es más, me sentí como cuando estás en el súper y apartas el típico molesto carrito de la compra que el gaÑán (eñeeeee) de turno ha dejado en todo el medio mientras se lee los ingredientes de la botella de agua. Aun así, la experiencia de comprar en estas condiciones me hizo sentir feliz como una perdiz (antes de recibir el tiro y ser servida en un plato). Para inmortalizar el momento, le pedí que me hiciera unas fotos que dieran fe de este testimoÑo (eñeeeeeeeeee, esta vez dedicado a mi Rosi), y poder escribir así en el blog:


Mientras se producía este posado-pactado, uno de los empleados de Ikea pasó por detrás, nos vio en semejante escena y empezó a descojonarse estentóreamente. Me dijo algo como "¡muy bien!", pero no alcancé a escucharlo con precisión militar.

El momento cumbre de la mañana vino cuando, para poder llevar las compras en condiciones, le dije a mi hermana que lo mejor sería coger un carrito. Y, claro está, esto fue lo que me dio aaaalas. Mi hermana nunca ha tenido gemelos y eso de llevar dos carritos al mismo tiempo se me antojaba harto complicado para ella (tengas gemelos o no). Su idea fue que yo empujara el carrito mientras ella empujaba mi silla. Pero una visión de una panda de borrachos en una fiesta y bailando la conga se me vino a la cabeza, así que decidí que ésa no era la solución. Casi instintivamente, planté mis manos en las ruedas y, como si de las paraolimpiadas se tratara, empecé a avanzar con garbo y brío a través del almacén. Me hice con los mandos muy rápidamente (digo yo que eso de haber jugado mucho a la consola de pequeño algo tiene que ver, aparte de los brazacos que estoy sacando con las muletas) y, de esa manera, avancé los metros finales mientras terminábamos mi compra.

Llegamos a la caja y la cajera, una vez pasados los artículos, miró a mi hermana para que pagara. Al ver que ella no mostraba intenciones y hacía propósito de enmienda (a la totalidad), agachó su mirada hacia mi silla (me hizo sentir pequeñito) y, cuando vio que yo me rascaba el bolsillo, entendió toda la jugada.

Pagamos, fuimos a devolver la silla y, nuevamente con gran amabilidad, me despidieron dándome palmaditas en la espalda.

La conclusión es que, una tienda que tiene varias (vi que a otra señora le dejaron otra) sillas de ruedas disponibles para que los personas con problemas de movilidad puedan estar igualmente a gusto, independientemente de que sea una cuestión comercial, me pareció DIGNO DE AGRADECER y un detallazo sin precedentes. Me quito el sombrero y aplaudo a los responsables de Ikea. Estos no se hacen los suecos con la accesibilidad.


P.D. Con la silla y la chaquetita de cuadros parezco un indigente...