Queridos followers:
Bueno, me consta que ya no tengo de eso, porque salvo que os diga por teléfono que he publicado y, sólo entonces, me hacéis comentarios a las entradas (y no a las que ahora se ven debido a mi corte de pelo...).
Hoy, por fin, tras 47 días de cautiverio, mi tobillo ha visto la luz (o más bien la luz ha visto a mi tobillo). A partir de ahora, ni escayola (Berrocal) ni férula (Trueba) acompañarán a mi pie en su andadura (ja-ja, y tan duro que será volver a andar). Una sensación de asco/pena invadió mi cuerpo (el resto) cuando vi semejante cosa.
En primer lugar, he de narrar el mal rato que pasé cuando me quitaron la escayola. La enfermera vino con la caladora/corta-pizzas y me dijo: no tengas miedo. Pero, claro, tú ves que te clavan la cosa ésa en la pierna y que no mide lo que lo hunde en la escayola... ¿Y qué harías tú? Pues lo que hice yo: chillar como una nenaza. Y es que, lo que no sabes cuando te van a quitar esto, es que: a) La cosa ésa no corta la piel y b) Tienes un recubrimiento por dentro de la pierna que impide que la cosa ésa toque la piel. Por supuesto nadie te lo dice para poder hacerte la foto con la cara de pánico-blanca-descompuesta y vendértela como cuando te bajas de la montaña rusa del parque de atracciones y la rechazas porque cuestiona tu hombría.
El caso es (que mi vida va al revés y que lo siento siempre después cuando no hay nada que hacer) que tengo que estar dos semanitas ejercitando el tobillo (aviso a navegantes: es lo único que se ha atrofiado, el cerebro un poco, pero el resto todo guay) y, supongo, que luego haré la rehabilitación (no la de mi casa, que ésa la he estado habitando estas semanas). Así que me queda otro mes de baja, como mínimo... Habrá blog para rato.
Había pensado publicar esto en el blog de los Arribas, pero me he dicho: nada, que se nutra mi blog que para eso está :D. Ahora que, así entre nosotros, copiaré todo este texto y ya está... jurjur.