Es difícil expresar lo que uno lleva dentro cuando los sentimientos parecen competir entre ellos, en una carrera de fondo, cuyo fin último es predominar sobre todos los demás.
Pasar de la risa al llanto, del amor al odio, del miedo a la osadía... todo eso es lo que estoy sintiendo aquí, en la casita del árbol (por similitud y dimensiones). Estoy evolucionando a la versión 2.0 del koalita, o quizá volviendo a la versión 1.0, no lo sé; lo que sí sé es que me estoy redescubriendo.
A veces echas todo de menos, otras quieres estar solo. No sé cuál de todas estas cosas es la que realmente me define, porque quizá me definan todas y cada una de ellas. Me cabreo y a los cinco minutos anhelo a la persona con la que me he cabreado. No suena muy estable, pero tampoco es tan volátil.
Me voy a tomar la tacita de eucalipto, creo que el catarro está infectando al cerebro.
Buenas noches.
A los que produzco tedio por escribir tanto en Facebook, que no se preocupen. Escribiré aquí, escondido tras los matorrales, mirando hacia el cielo e intentando ver una estrella fugaz, tan fugaz como mi propia vida.