lunes, 27 de agosto de 2012

Lo que yo escribía con 17 años... "Al otro lado".


     Tras volver a cerrar el sobre, se dirigió a la vela casi consumida. Expelió un débil soplido y apagó la llama que bailaba al son de una amarga melodía. La habitación se oscureció, dejando a su paso un mundo de sombras. Mario encendió una pequeña lámpara y se sentó sobre la cama. Su rostro revelaba la desolación de su alma; los labios, compungidos, impedían a la boca realizar movimiento alguno. De sus ojos marrones salió tímidamente una lágrima que, bajando por su mejilla, le produjo un suave cosquilleo. En breves segundos desapareció.
     Dejó la carta sobre la mesa y la miró fijamente. Realmente no miraba aquel trozo de papel, sino que recordaba su contenido. Se levantó de la silla y se dirigió al espejo. Contempló aquel objeto antiguo, enmarcado en un precioso cerco plateado y del cual, en una de las esquinas interiores, colgaba una fotografía. La cogió, con manos temblorosas, y la dejó caer. Tras levantar la vista de nuevo y dirigirla al espejo se vio reflejado, pero de un modo diferente, como si no se tratase de él. Observó toda su figura una y otra vez y, finalmente, centró su mirada en los ojos. En ese momento sintió la necesidad de conocer a la persona que se hallaba al otro lado, estirando su mano para intentar acariciarla. «¡Es imposible!», pensó, al descubrir cómo su mano desaparecía en el interior. Aunque no sabía lo que estaba sucediendo, su instinto le empujaba a seguir introduciéndose en aquel espejo que le había visto crecer y pasar sus momentos más íntimos. Metió una pierna, luego la otra y, por último, el resto del cuerpo. De repente se hallaba al otro lado, y él lo sabía. Pero en su cerebro racional no cabía la posibilidad de admitir aquella experiencia. Sin embargo, miró el resplandor que procedía de la ventana y notó que provenía desde la izquierda; él recordaba que la ventana estaba a la derecha del espejo. Por tanto era cierto, había cruzado el límite de la realidad.


     Pasados unos instantes, numerosos escalofríos recorrieron su cuerpo. Ya no estaba tan seguro de sus actos. El miedo y la duda se apoderaron de él y deseó volver a cruzar aquella puerta misteriosa. Y así lo hizo: había vuelto a su mundo.
     Estupefacto por aquella circunstancia, decidió que lo mantendría en secreto. Abrió su cama y se echó a dormir, sin olvidar el momento en el que él se fundía con su propia imagen.

     En mitad de la noche, cuando la luna se observa desde la tierra con su máximo esplendor, Mario se levantó de la cama como una exhalación, ahogándose en sudor. Encendió la luz y, tras meditar unos minutos, se enfrentó al espejo dispuesto a cruzarlo de nuevo. Primero comprobó que podría pasarlo y, subido en una silla, dio un gran salto. Por segunda vez se hallaba en el otro lado, pero a diferencia de la anterior, su cuerpo estaba lleno de ansias. Una vez allí, se paseó por aquella habitación paralela, en la que todo estaba igual con excepción del orden invertido, causa de la imagen especular. Cansado de dar vueltas, tuvo una idea, consistente en traspasar la puerta de la habitación. Dudando de esta decisión, agarró el pomo con fuerza, lo giró bruscamente y salió. Pero su sorpresa fue descubrir dónde se hallaba, un lugar que no pertenecía a su hogar y a la vez le resultaba familiar. La excitación que sufría le impedía pensar, pero estaba seguro de algo: había estado allí.
     Oyó unos ruidos. Giró su cuerpo y se encontró con ella. Su cabello azabache contrastaba con el tono tenue de las sábanas. Pero no estaba sola. La habitación se encontraba a media luz, con cierto aspecto sensual, y las persianas estaban bajadas del todo. Junto a ella, un hombre joven, de piel morena, la rodeaba con su brazo. Mario miró horrorizado aquella escena, incrédulo. No comprendía qué hacía el otro hombre en la cama, pero al mismo tiempo comprendía todo. En su cabeza, los pensamientos; en su cuerpo, las sensaciones de esa carta.


Mario recelaba, con rabia, mientras la pareja, que no podía apercibirse de su presencia, continuaba con su actividad amorosa. El otro la besaba con pasión, besaba sus labios, sus manos, sus senos. Acariciaba su cuerpo con suaves y delicados movimientos. Y ella se sentía feliz. Por su parte, ella también demostraba amor. Abrazaba con fuerza la espalda del hombre, moviendo sus manos de arriba a abajo. Mario, fuego en los ojos, deseó no haber entrado jamás en aquel espejo que antaño le había visto ser feliz y ahora le castigaba con el dolor.
     Harto de sufrir, al igual que pinchos que se clavan en el corazón, se dirigió al espejo de aquella habitación e intentó cruzarlo. Pero por alguna extraña razón no podía. Realizó varias tentativas, pero todas ellas fracasaron. Por último, como mazos de acero, alzó sus dos brazos y los impulsó contra el espejo. Los cristales se dispararon como el rastro que a su paso deja un cometa. El suelo se llenó en instantes de aquel tono plateado, mientras poco a poco la sangre los cubría con su color intenso. Mario yacía en el suelo, encharcado en un líquido que le pertenecía. La vela se consumió del todo, dejando la habitación de Mario en total oscuridad.

miércoles, 8 de agosto de 2012

Haber elegido muerte y una de McDonalds

¡¡¡Uuuuuuuuffffff!!! Qué aburrimiento. Si hubieras elegido muerte...
Y así estoy, muerto de sueño, muerto de aburrimiento, muerto mortal... 
Atrás quedaron los momentos de tensión, reuniones en la sala de guerra, gabinete de crisis, grupos de investigación. Koalos y Koalas, ha llegado la era del SOPOR.

La noche de hoy no ha dado para mucho, más que para darme cuenta de alguna cosa que ya sabía: cuando hagas pruebas, prueba primero lo que das por supuesto. Así no quedarás mal sacando conclusiones erróneas.

Pero al margen de lo laboral, sin novedad en el frente. Con mis cascos puestos, viendo la noche pasar. Ya he ido al McDonalds a gastar mi "voucher" de 5 libras por la reclamación que puse hace un par de semanas. ¿Que de qué me quejaba esta vez? De una estafa sufrida por un dependiente de dicho establecimiento. La verdad es que no queda muy bien decir que te ha timado un camarero del McDonalds, pero hay veces que ni la mayor de las inteligencias puede discernir si lo que te dice un descerebrado es cierto o no.

Voy a narraros lo que pasó aquella noche.

Era de madrugada. Una de las primeras noches (si no la primera) de turno. Sergio y yo decidimos ir a por un café al McDonalds 24 horas, que es el único establecimiento que está abierto a las, digamos, 3 de la mañana. Yo llevaba una libra y pico en el bolsillo, y Sergio llevaba unos peniques; entre los dos llegábamos muy justos a 2 libras. Pero como yo llevaba tarjeta y en Reino Unido se puede pagar con plástico hasta a los que te limpian el parabrisas, no me preocupé de sacar dinero del cajero.
Una vez en el restaurante, me dispuse a pedir mientras sacaba la tarjeta de la cartera. El camarero me la vio (la tarjeta) y me dijo inmediatamente: el pago con tarjeta no funciona, tendrás que sacar dinero del cajero que está fuera. Sergio hizo un calculó (he de decir que, erróneo, pero de eso nos dimos cuenta después xD) y estábamos convencidos de que no teníamos suficiente con las 2 escasas libras comentadas anteriormente. Así que cogí mis piernas y, con ellas, el resto del cuerpo se puso rumbo al cajero.

No me preocupó mucho porque en Reino Unido no te cobran comisión por sacar dinero de otros bancos. El atraco viene cuando el cajero es "privado" y se lleva una comisión. Éste era el caso, un cajero privado justo a la entrada del McDonalds. Saqué 10 libras y me cobraron de comisión 1.75. Un atracazo a mano armada. De hecho, más que poner el pin, me bastó con levantar las manos para que saliera el billetito expelido del cajón acorazado.

Con el billete en la mano y cara de circunstancia, nos metimos nuevamente en el restaurante. Cual es nuestra sorpresa cuando vemos a un chaval pagando con tarjeta. En ese momento se me encendieron los ojos de furia y rabia (y los que me conocéis sabéis bien de lo que hablo) y, gravemente encolerizado, le dije en alto al camarero: ¿Pero no decías que no funcionaba? A lo que el impresentable respondió, sin esfuerzo alguno: "Ahora sí".

Aquello pudo conmigo. Sentí como el odio se apoderaba de mis sentidos y un sentimiento de asesino en serie me corría por las venas. Le dije que me parecía una vergüenza que no me hubiera avisado que lo que le pasaba al sistema es que había que reiniciarlo (o algo así), y el chungueras me ignoraba. Le solté, más ancho que largo, que el que me cobraran era culpa suya, y el tío va y se ofende... ¡¡¡!!!

Un clásico en mí: pedí el libro de reclamaciones, y el camarero me decía: vale, ahora te lo doy. El caso es que el libro no llegaba y yo ya me estaba cansando, aparte de que tenía que volver a la oficina. Le dije que iba a memorizar su nombre (cosa que hice) y que le pondría la reclamación por Internet o que volvería al día siguiente.

A todo esto, mientras yo me ponía la sacarina en el café, el señorito se puso a hablar con el cliente que estaba pagando con tarjeta cuando volví de sacar dinero, y los dos se descojonaban sonoramente y chocaban la palma de la mano. ¡¡¡Se estaban riendo de mí!!! Antes de salir del establecimiento, le dije: "no te vas a reír tanto cuando te ponga la reclamación".

Salí del McDonalds... y ahí quedó todo. Al día siguiente puse la reclamación por Internet, en la web de McDonalds UK, y hace un par de días recibí un correo pidiéndome disculpas y condenando la actitud del camarero. En el correo me decían que me iban a mandar un voucher para gastar en el restaurante, ya que yo era un "cliente muy leal". ¿¿¿??? Y así pasó, que me he gastado el chequecito de 5 libras en dos cafés y dos "muffins", para mí y mi compi.

La pena es no haberme encontrado con el campeón del camarero... le hubiera dado las gracias mientras hacía entrega del voucher.

martes, 7 de agosto de 2012

María "Escaño" y otros deportes (Parte I)

¿Qué cosas hacen que un día sea diferente? ¡¡Que no lo planifiques!!
El sábado amaneció nublado, con lluvia. Y el Koalita igual de apagado, cansado, sin ganas. Pese a tener todo el día libre por delante y varias cosas preparadas, la idea de salir de casa a las 9 am se me hacía cuesta arriba. Una ducha, un café con una tostada, un poco de esfuerzo y una entrada para Atletismo, en el Estadio Olímpico. Me pertreché con mi acreditación, mi Oyster multiusos y me fui hacia el Parque Olímpico.

La primera en la frente no se hacía esperar. Por la megafonía del DLR recomendaban bajarse en West Ham para acceder al Parque, ya que Stratford estaba saturada. Así hice, me bajé del metro ligero en dirección al Estadio... 20 minutos. ¿¿20 minutos?? WTF!!!
...
.....

20 minutos después me hallaba en la puerta del Parque. Pasé los controles, luciendo acreditación por si ello me daba algún privilegio... y he de decir que, aunque en general no vale para nada, eso de que ponga "ALL", hace que la gente y, sobre todo, los trabajadores de LOCOG (London Organising Committee for the Olympic Games) te sonrían como si fueras alguien importante. "Yavestruz" qué importante soy... pero oye, que te alegra el día.

Cuando llegué a mi sitio, allá en las alturas, pero con muy buena visibilidad, me encontré con unos compañeros de turno, los cuales habían sido igualmente premiados por el esfuerzo y dedicación de la incidencia de MyInfo. Me senté con ellos y estuvimos viendo la competición, al mismo tiempo que marujeábamos sobre asuntos oficiniles. Ellos habían pedido una ampliación de su acreditación para poder visitar el IBC (International Broadcast Centre), el MPC (Main Press Centre) y la OLV (Olympic Village). Lo de poner las siglas no es por pretensión, sino por abreviar de ahora en adelante :)
Mi plan era ir a comer a casa Dani y Oleta, pero teniendo la oportunidad de visitar IBC, MPC y OLV con gente que tenía experiencia en otros juegos, y viendo el mogollón de gente que había en el Parque... sopesé la posibilidad de acoplarme con ellos y realizar la visita completa. Y así hice. Avisé a mis amigos para aplazar la comida y convertirla en cena al día siguiente y me quedé con Sergi, Yolanda y Jan.



Unos 5 minutos antes de acabar la competición de Atletismo, abandonamos el Estadio en dirección al IBC. La lluvia aparecía y desaparecía por momentos, como el Guadiana, lo cual hacía que apremiara la necesidad de llegar a nuestro destino. Una vez localizados, y tras haber subido y bajado escaleras, esquivado obstáculos, camiones y contenedores, llegaba la primera prueba de fuego: control de acceso. ¿Podremos pasar con la acreditación? Ellos seguro que sí, porque su pase incluía zona de prensa, pero el mío por defecto no lo tiene. Aun así, ¡¡prueba superada!! Ya estábamos dentro del complejo mediático.

La primera visita fue al MPC. Vimos las instalaciones y luego fuimos al comedor, ya que nos moríamos de hambre. Un comedor grande, con diferentes tipos de cocina (Mediterránea, India, Británica...). Por su puesto y como podréis imaginar y apreciar, yo elegí la... BRITÁNICA. El "fish & chips" tenía muy buena pinta y yo tenía mucha, mucha hambre. Así que tras engullir el pescado con patatas, y tomar el correspondiente café de sobremesa, nos fuimos hacia el IBC. No sin antes saludar a una periodista de RTVE (Radio Televisión Española) que nos dijo que CIS... un poco difícil de usar, pero que MyInfo una pasada.

El IBC es un edificio enorme, poco decorado (por no decir que daba la sensación de estar a medio terminar). Pasillos anchos, muchas salas... ¿Pero dónde están los controles de la OBS (Olympic Broadcasting Services)? No éramos capaces de encontrar las escaleras / ascensores y el mapa era de todo menos detallado / intuitivo. Cuando por fin hallamos las escaleras de emergencia y subimos lo que para nosotros era una planta (mirad la segunda parte de la entrada cuando la publique, "Cómo salir del IBC en tiempo récord"), encontramos por fin la zona interesante. Vimos las instalaciones de la OBS, con miles de pantallas y controles de realización. Pantallas de 60" con "peep view", 12 deportes en una misma superficie televisiva... y muchas superficies televisivas a lo largo de la sala. La verdad es que impresionaba.


De ahí nos fuimos buscando la oficina de RTVE. En la puerta había una mujer hablando por el móvil. Yolanda se acercó a ella y le preguntó si podíamos entrar... ¿Pero a quién le estaba preguntando?



A MARÍA ESCAÑO... Sí, sí, la misma, MARÍA ESCAÑO. ¡¡¡¡Vaya metedura de pata!!!! Cuando la veo, miro su acreditación y, después de leerla (pese a que la había reconocido), le digo: "Ostras, María Escaño"... ¬¬u. La mujer no sabía dónde meterse. Salió del paso diciendo "Escario, aunque ya me han llamado de todo... Olga Viza...". Yo me quería morir, qué vergüenza. Quise arreglarlo diciendo que era fan suyo desde que era pequeñito, pero eso no iba a hacer más que profundizar en la herida y descarté la idea.
María nos preguntó que de dónde éramos... que si éramos de fiar. Se hizo el silencio. Y tras 5 segundos de incómodo e insostenible silencio, arranqué a hablar y le dije que éramos de la empresa que integra los Juegos. Ella saltó, emocionada: "¿Sois los chicos de MyInfo? Es el invento de estos Juegos. Lo mejor. Londres2012 es una mierda, pero el MyInfo es lo mejor de estas olimpiadas". Emocionada ella, sorprendidos nosotros, nos hizo una visita guiada por la oficina. Nos presentó a algunos de sus compañeros, nos contó cómo funcionaba, dónde tenían el estudio visible, el set de emergencia para entrevistas... Fue increíble. Uno de sus compañeros se acercó a ella y le dijo: "Esperanza, ¿otra vez haciéndote pasar por María Escario?". Fue muy divertido. La periodista que nos habíamos encontrado en el comedor también estaba ahí. Nos reconoció y nos estuvo repitiendo que CIS... bueno, pero que MyInfo... chulísimo :).

Dudando sobre si pedir una foto o no, Yolanda se me adelantó y se lo comentó a María. Ella accedió sin ningún problema, y aquí tenéis el resultado.
Gracias Sergi, Yolanda y Jan... fue un día estupendo.

viernes, 3 de agosto de 2012

Primera noche olímpica...

Por fin llegó el momento. ¿De qué? De escribir desde el TOC... primera noche de "tranquilidad", tras todos los "sustos" y demás "situaciones" que hemos experimentado en los últimos días. No puedo dar más detalle porque se me puede caer el pelaje, pero digamos que hemos estado entretenidos ;)
Y hoy es lo que, por fin, esperaba. O lo que no esperaba. Porque estar esperando a que ocurra algo es muy, muy aburrido. No obstante, sería mentir si dijera que no tengo nada que hacer. En realidad tengo mucho que hacer, pero esto no es un blog laboral y no voy a quejarme de lo mucho que me esfuerzo y trabajo... A estas alturas, ¿a quién le importa?

Miro a mi alrededor y veo a mis compañeros navegando por Internet, consultando su correo, charlando, cenando o, simplemente, haciendo lo que han venido haciendo hasta ahora: NADA. Conste que no todos... pero la mayoría :)

Delante de mí tengo pantallas donde se muestran imágenes y vídeos de competiciones de hoy y de días previos. Claro está, incidiendo en los triunfos cabritánicos. Es ahora cuando me gustaría poder presumir de los logros de los deportistas españoles, pero... ya ni en el fútbol podemos confiar :). Así que me quedo calladito en mi sitio, monitorizo mis sistemas, ayudo a los equipos y... de deporte ni hablemos.

De todos estos vídeos, hay uno que me hace especial gracia. Es el pebetero olímpico, en primer plano, o caldero (como he visto que lo llaman en algún sitio). Lo ponen en una pantalla de plasma de 50 " y lo único que hago es pensar en una chimenea. Pero una chimenea de la que realmente haría uso, porque con el tiempo tan fantástico con el que nos deleita Londres, se echan de menos un brasero, una mantita y un caldito de la "awela". El pebetero, de cerca, pierde. La idea y la puesta en escena fueron interesantes, pero una vez que lo ves estático, quemándose por momentos, ennegreciéndose... tiene interés cero.

Lo más positivo del día de hoy han sido los dos tickets que he conseguido. Uno para Atletismo, por haber sido "parte" del equipo que investigó una de las incidencias que tuvimos. Y otro para Waterpolo por haber sido el primero en pedirlo. De hecho, con esta suerte que me caracteriza, de la larga lista de tickets disponibles para los próximos días, de entre más de 40 tickets, elegí del que sólo había uno para el día 4: Atletismo. Con tan buena suerte de que era el ticket que tenía reservado como premio y del que nadie me había comunicado nada.

En cualquier caso, aparte de este despliegue generoso (juas) de medios, no soy de los afortunados que tienen ticket para la Ceremonia de clausura. ¿Por qué? Porque no me porto bien. Mejor dicho, no me he portado bien. Esa entrada es la que se da a la gente como premio a su buen trabajo, esfuerzo, dedicación... yo no he debido tener alguna de ésas, pese a haber currado mucho y haber ayudado al 90% de los equipos en cosas que no eran de mi ámbito. Resentimientos aparte, lo único que quiero es que pasen los Juegos. Y emprender una vida nueva.

Voy a echar de menos todo esto. Atrás quedan los momentos en los que me he pegado hasta con el apuntador. Los voy a echar de menos, debo tener un aire masoca y sufridor, un síndrome de Estocolmo con mis secuestradores. El de Diógenes ya lo traía de Madrid. Pero todo este conocimiento adquirido, que es mucho, en parte será inútil en mi futuro profesional. Saberme de memoria "Finished Products", "IPs", configuraciones, aplicaciones, procedimientos, control de cambios... Tantas cosas útiles y, a la vez, inútiles. Son aplicaciones con un negocio muy específico, si bien siempre se puede extraer la parte común y reutilizarla en otros momentos de mi vida.

Ahora pienso, tras un año y medio en este proyecto, que estaba siendo productivo al 200%. Poder interactuar con todos los equipos, de hecho poder dirigir a 10 de ellos como hago ahora, me hace sentir útil, diría que hasta importante. O "importante", porque siempre hay alguien que se encarga de recordarte que no eres nadie y que hoy estás aquí y mañana estarás allí.
Pero pase lo que pase, me quedaré con el recuerdo de esta experiencia. De cómo dejé entre lágrimas mi casa en octubre de 2010, cómo dejé a mis  padres con más lágrimas aún un 9 de enero de 2011... y cómo lloré durante los primeros meses y durante los últimos de mi estancia en Londres.

¿Últimos? No, there is more to see. Tras mi promoción fallida en el departamento en el que estoy, debido a mis continuas broncas con diversas personas (por encima de mí, he de decir), mi carrera en la empresa ha quedado truncada. De ahí que haya decidido emprender nuevo rumbo hacia... no sé dónde, pero sí sé hacia dónde no quiero ir: España. Pero el futuro laboral formará parte de otra entrada en el blog. De momento seguimos con la noche.

Se acerca la hora de ir a tomar un café al McDonalds 24 horas, ése en el que me estafaron (se merece otra entrada del blog xDDD)..

//*Continuará*//