Y es que, según cómo y quién lo lea, puede que me duelan o me huelan los pies. Si le preguntas a este alma en pena, o sea, servidor, te dirá que le duelen mucho, mucho (y que también le huelen). Pero si les preguntas a mis room mates, entonces te dirán simplemente que me huelen los pies. Sí, me ducho y me he echado cremita, pero todo el día con las botacas puestas, sudando de acá para allá, pues al final acaban produciendo pestilencia, pa qué nos vamos a engañar.
Guay, en la radio ponen ahora "Relax, take it easy", de Mika. Y eso voy a hacer, tomármelo con calmita, porque ya me falta día y medio para la reunión y estoy atacado de los nervios.
Pero yo vuelvo a lo que escribía sobre Amsterdam... Lo narraré con todo lujo de detalles y con lo que mis dedos y cansancio me permitan. En cuanto acabe, me subiré de nuevo a mi habitación a dormir una hora, ¡qué estrés!
Llegué al aeropuerto de Amsterdam a la hora prevista... lo que no tenía previsto era que me iba a caer la de diox. En esos momentos me recordé a mí mismo saliendo de casa y diciendo: no cojo el paraguas porque, total, si acaso me lo compro allí. Eso significaba llegar, dejar las cosas y comprar un paraguas. Pero no me dio tiempo, según llegué a la estación Centraaaaaal, ya me vi en la tesitura de tener que salir a la intemperie con mi maleta, mi mochila y el portatrajes. Lo que pasó a continuación se puede imaginar: me puse como UNA SOPA para recorrer 15 metros. Pregunté a un par de locales y al conductor del tranvía, los cuales me indicaron cómo llegar a mi parada. Dentro del habitáculo trenecítico estaba pendiente a la que tendría que ser mi parada. Realmente no estaba seguro qué tenía que decir, aun teniendo las instrucciones del hostal impresas en una hoja HÚMEDA y DESCOLORIDA por la lluvia. Al final vi el nombre de mi parada, me alegré por semejante hito. Me bajé del tranvía y... tratando de descifrar las instrucciones, me metí por donde no era. No paraba de llover, apenas había gente por la calle. Pregunté en tiendas, a transeúntes, al cielo, pero nada, nadie sabía dónde estaba la dichosa calle. Y se suponía que estaba al lado de donde me había bajado, pero que no, desconocido para la población indígena. En una tienda un dependiente sacó su móvil con GPS y la encontró, pero me orientó MAL (o mejor dicho, regular). Le pregunté a un hombre con un perrito, me dijo que le acompañara al coche (ahí he de reconocer que tuve miedo) y, tras mirar en su mapa de carreteras, tampoco la encontró (y es que los mapas Campsa de España de toda la vida son lo mejor y, claro, en Holanda no hay). El hombre se ofreció a llamar desde MI móvil al albergue para que le diera instrucciones y él me las pudiera explicar. Así hicimos y así conseguí llegar, por fin, al dichoso lugar. Una hora casi me costó llegar desde la estación central hasta al albergue, algo que de forma normal hubiera debido llevarme 15 minutos. Yo, directamente para meterme en la secadora, me tumbé un ratito en la cama y me dormí casi tres horas... ¡¡¡¡Qué tensión!!!
Tras levantarme a las 21 h casi, sentí que había desperdiciado el día en Amsterdam. Tampoco podría haber hecho mucho, ya que con lo que estaba lloviendo, era bastante difícil llegar a ningún lado y menos sin conocértelo. Así que, no hay mal que por bien no venga. Al menos pude descansar un poquito y coger fuerzas para pasar el fin de semana.
Me lancé a la calle y, por suerte, ya no llovía. Me armé de valor (y del mapa) y me dispuse a caminar. Anduve hasta la plaza del Dam y, desde ahí, viendo por dónde había gentío, empecé a callejear sin mirar el mapa. El resultado, el que cabría esperar aunque yo no me lo había planteado: aparecí en el Barrio Rojo. Aquello fue un sorpresón, porque la verdad es que si me propongo llegar siguiendo el mapa, seguro que no llego. Pero sí, allí estaba, viendo a todas las prostiputas exhibiendo sus cuerpos a través de los escaparates, bajo la luz roja de "estamos haciendo algo prohibido) y abriendo las puertas de vez en cuando para saludar a los "transeúntes" que les dedicaban algunos piropos, la mayor parte de las veces, en inglés. A todo esto, de vez en cuando llegaban bocanadas de, iba a decir aire, pero no, aire precisamente no era. Eran bocanadas de humo, de los coffeeshops... he de decir que me esperaba esto mucho más vicioso, con la gente en la boca con 5 porros a la vez y más pedo que pedo. Pero no, no era mucho peor que caminar por Tribunal un viernes por la noche :). De hecho, estoy casi seguro de que circulan más drogas en Tribunal que aquí, jajajaja.
Tras pegarme este paseo inicial, acabé cerca de la estación Centraaaaaaaaaal y, aunque no tenía mucho hambre y ya había pasado por un Albert Heinj (casi casi como las salsas, donde me había comprado un par de minibocadillitos), vi una tienda donde vendían cucuruchos de patatas calenticas y, recordando lo que me había dicho Blankanieves, me compré uno de esos (tamaño small) y lo aderecé con ketchup (no tenía yo hambre pa más). Las patatas riquísimas, pero yo no tenía mucho hambre, así que me comí sólo la mitad. Ya he quedado servido de patatas para el resto del año. Pero "encomiendo" a todo el mundo a que pruebe las patatas en cucurucho de Amsterdam... ñam, ñam.
Tras pegarme un paseo más por el centro, volví para el albergue y me dispuse a dormir... No me costó mucho, aunque con el ruido de la Leidseplein y las calles aledañas, me desperté varias veces. La ventana estaba cerrada para evitar el ruido, pero por contra hacía calor. Menos mal que yo iba provisto de pijama y pude quitarme el edredón... Sobre los room mates hablaré en otro momento, ya que he tenido tantos en dos días, que merecen mención especial ciertos detalles. Eso sí, no me quejaré, todos nativos ingleses: australianos y americanos.
Mi estancia en Amsterdam no había hecho más que empezar y a mis pies les esperaba una paliza, la que acostumbro a darles cuando viajo.
No tengo tiempo ahora de revisar lo que he escrito, así que para los puritas pijoteros (o sea, los que sois como yo), no me corrijáis faltas, que ya le pasaré el koalector ortográfico.
1 comentario:
bueno bueno...
cuando en a'dam llueve, lo hace a lo grande...
yo siempre que voy llevo un poncho-chubasquero, porque nunca se sabe, y joder, se me olvidó decírtelo, que rabia...
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