miércoles, 5 de diciembre de 2007

Navidad, Navidad, dulce Navidad... lalala.






¡Bieeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeen!

Tengo la casa patas arriba, pero por fin, POR FIN, he puesto el pesebre de los Playmobil :D

No ha quedado muy resultón, no me ha dado tiempo a decorarlo con cosillas extra... pero prometo que en sucesivas ediciones (o quién sabe si para dentro de unos días hago reformas...) tendrá un efecto más impactante. No quiero arrieskgarme mucho... ;)

Nota: Véase que está sobre mis nuevos muebles de la Srta. Pepis. Las velas, los abetos negro y rojo, son detalle cutrísimo de la tienda VenyVen. El portavelas central tiene caché; es de El Corte Inglés...

lunes, 3 de diciembre de 2007

Los libros de pistas de IKEA

Lo sé, lo he dicho mil veces, que lo que viene en los muebles del IKEA no son libros de instrucciones, sino de pistas. Pues me ratifico.
Estaba montando mi mueble de cocina, con cajón y puerta. En concreto estaba montando el cajón. Me llamó mi hermana por teléfono y yo, que soy multitasking, hablaba mientras lo montaba... Cuando colgué y puse dos piezas que hicieron "clak" al engancharlas, me di cuenta de que me faltaba meter la base del cajón. ¡¡Pero qué cajón era eso!! Noooooooooooooooooooooo, IKEAAAAAAAAAAAAAA... Intenté quitar las piezas que hicieron "clak", pero no había manera. Probé a meter la madera de mil formas diferentes, pero aquello no entraba ni a tiros. Ya, después de cargarme la mitad de las guías de madera, conseguí meter la base y... ¡¡¡¡ohhhh!!!! Aquello no entraba bien en el cajón. Resulta que había puesto el cajón al revés y la parte de abajo era más corta de lo que debería ser... El caso es que, tras hacer 3 ingenierías para ver cómo quitar el mecanismo "clak", me di por vencido y acepté que tengo que comprarme otro cajón del IKEA... Me jode, ¡¡me jode!! Pues sí, no sabéis cuánto. Volver a pagar 20 leuros por un cajón que no puedo desmontar. Tengo un cabreo... MENUDO CABREO. Eso y que, encima la parte de abajo del mueble no tiene los agujeros para meter las patas. Los tienes que taladrar tú... ¿Yoooo? Odio el taladro, se me da fatal :( Al final, muy cutremente, conseguí meter las patas, pero ha quedado mal. Entre eso y que no tiene cajón ahora, he pasado mal día.
No vuelvo a comprar en IKEA.

También es Navidad en Argüelles

Sí, en Argüelles hay también un Corte Inglés... el de Princesa. Pues hasta este prestigioso barrio de Madrid se desplazó en la tarde del sábado el koalita. Ataviado con sus mejores harapos, acudió a su cita anual con el tradicional Belén de los Fernández Arribas.
En esta tercera edición se anunciaban algunos cambios: mejora en el alumbrado público, cascada de agua con río y pantano (Franco también ha querido contribuir)... La velada prometía acabar pronto y bien, ya que un par de años de experiencia proporcionan maña y destreza.
Tras colocar la sábana santa (este año con flores, ya que el clima ha favorecido a la vegetación) y disponer el cielo oscuro y estrellado de la noche oriental, nos lanzamos a colocar las montañas rocosas. Al mismo tiempo, abrimos las cajas de luces que Noi había comprado para esta edición: unas blancas y otras de colores. Tras comprobar pertinentemente que las luces se encendían, procedimos a comprobar también la bombilla que iba a alumbrar el portal... Y, cuál fue nuestra sorpresa... que no se encendía. Tras analizar voltajes, amperajes, redes de Thevenin y Norton, polímetro de la verdad, cálculo de monofásicos y trifásicos, enroscamos bien la bombilla y aquello funcionó. Nuevamente todo iba sobre ruedas.
Mientras seguíamos colocando montañas, echando paja al camino y yo daba forma al pantano, la cascada y el río, algo ocurrió súbitamente... pero no nos dimos cuenta. Al cabo de un rato caímos en la cuenta de que la bombilla del portal se había apagado :/// ¿Fundida? ¿Suelta? ¿Mal contacto de los cables? Noi, sin pensárselo dos veces, mojó los dedos en su lengua y se dispuso a electrocutarse. ¡¡¡Locaaaa!!! Se puso a tocar los bornes de la bombilla y casi la perdemos para siempre. Empezó a temblar, con convulsiones, los ojos salidos de sus órbitas, el pelo de punta, era algo increíble. Se vía su esqueleto mientras ella intentaba zafarse de los cables, pero no podía. Yo, atónito y sin caer en la cuenta de lo que estaba pasando, me alejé inconscientemente para no formar parte del espectáculo. Cuando al final Noi logró escaparse, salía humo de sus dedos y ella apenas podía hablar. Pasamos un rato horrible, horrible (vale, no fue tan exagerado como lo he contado, pero ella estuvo a punto de quedarse en el sitio, palabrita del niño Dani).
Ante el apabullante éxito lumínico, decidimos bajar a comprar una bombilla nueva. Fuimos a la ferretería, pero estaba cerrada. Así que bajamos a los chinos que están a tomar por... es decir, en China. Compramos bombillitas del mismo casquillo, otra que era tipo "vela", un alargador... y yo, caprichoso que soy, me compré un mantel navideño máaaaas bonito, relleno para mi Belén de los Playmobil (que aún no he puesto, lo sé, ni el árbol tampoco) y unas pegatinas para poner en los regalos (más bieeen). Subimos a casa para continuar con nuestra aventura. Ni que decir tiene que los cables que llegan al portal de Belén iban por detrás de las montañas... y para poder quitar la bombilla antigua y su cable, tuvimos que desmontar medio escenario. Lo peor de todo fue que, con tanto toqueteo, la cueva de Alí-Babá y el pantano de Franco sufrieron serios desperfectos, los cuales no pudieron ser más que camuflados como buenamente pudimos.

Primero fue la bombilla vela. Una bombilla de tamaño considerablemente considerable. Muy chula, muy... poco práctica :( Resulta que son de esas bombillas que parecen una vela encendida. El efecto, conmovedor; el resultado, lúgubre. Conchita (la mamá de Noi) se acercó a ver nuestros progresos y cuando vio que el Belén estaba más negro que los huevos de un gitano, nos miró con cara condenatoria y nos dijo: no se ve. Pusimos en marcha el plan B.

Instalamos la bombilla en el portabombillas (vaya nombre). Noi, cagada de miedo, me dijo que lo encendiera yo. Yo, cagado de miedo, dije que lo encendiera ella. Todavía estaba presente en mi retina la imagen de mis dedos negros, uñas también, cuando me explotó en la mano la bombilla de la primera edición del Belén... ¡¡Qué mal lo pasé!! Por nada del mundo iba a repetir, así que fue Noi la que al final se armó de valor (pobre, valor valor no era...) y se subió al toro. No tuvo coraje, eso sí, para sujetar con una mano la bombilla y con la otra enchufar. Así que prefirió conectarlo a la regleta con botón de apagado/encendido. Una vez que estuvo todo conectado, encendió el interruptor y... ¡PLAF! Pegó un pedo que hizo saltar los plomos. Nos entro la risa histérica, pero de miedo, claro. Por segunda vez en un día, habíamos estado a punto de morir.

En vista de que no teníamos más recursos, optamos por poner las luces pequeñas blancas dentro del portal. El resultado fue excelente. Aquello se iluminaba con bastante intensidad, hasta que... ¡Arrea! Noi se dio cuenta en alto (yo en bajo, estupefecto y anonadado) que las luces parpadeaban y, por tanto, el portal se quedaba a oscuras un rato sí y otro no :///. Conchita volvió a ver el Belén en este estado y, nuevamente, con cara de circunstancia, nos miró con casi lágrimas en los ojos y nos pidió que diéramos algo de luz y color a ese portal tan sombrío.

Dejamos el problema de las luces y colocamos el resto de las figuritas del Belén. El oasis de Belen D'or (ciudad de vacaciones) estaba junto al río y la cueva (que hacía las veces de bungalow). El cagarrut (ya lo sé, caganet) se lo pusimos a Herodes, por jodernos durante las... ¡¡¡4 HORAS!!! que estuvimos poniendo el pesebre.

Como último comentario, no diré que tuvimos algunas bajas en el Belén (me cargué una figurita, pero luego la pequé y quedó aceptable). El ángel de la cueva se suicidó, a la entrada. Fue un espectáculo dantesco, menuda sangría. Don Simón se la bebió toda.

El año que viene Noi tendrá que cambiar el sistema de alumbrado y poner unos paneles solares en el techo del refugio. Así fijo que ni pasarán frío ni tendrán oscuridad el resto de sus días...

sábado, 1 de diciembre de 2007

Manías de hombres...

Estoy demasiado despistado. Llevo para escribir este mensaje casi 3 días... Pero no porque no haya tenido tiempo, más bien es que se me había olvidado sobre lo que iba a escribir. Y hasta esta tarde no me acordé sobre la idea que tenía en mente.
Todo ocurrió mientras estaba trabajando. Hice una de mis incursiones al baño para desalojar líquidos y, aunque no me gusta usar el váter de pared, cuando no hay nadie suelo hacerlo ahí... (es una manía, me da corte si hay gente al lado... y se me corta). Viendo que no había nadie, me dispuse a ejecutar la operación con minuciosa precisión y, justo cuando empezaba a ello... (no voy a dar más detalles), entró un tío que, nada más plantarse a mi lado, escupió un sonoro "gapo" y, acto seguido, se puso a mear. En ese momento recordé que, mucho tiempo atrás, la primera vez que había visto eso había sido en los baños del ministerio (mi antiguo trabajo). Los señores llegaban y, con estentóreo gargajo, iniciaban así la práctica habitual de la orina. Desde entonces me empecé a dar cuenta de que son muchos los hombres que escupen antes de ponerse a mear, ¿pero por qué? Hemos preguntado a nuestro especialista en trastornos sociales y nos ha comentado que el hecho de sentir necesidad de expulsar líquidos implica también echarlos por la boca. Pero entonces yo me pregunto: ¿deberían llorar los hombres al ir al baño? Si es así, ¿deberían poner papel higiénico o kleen-ex? Si alguien sabe la respuesta a este enigma que científicos del mundo mundial están investigando, que por favor me dé luz.

lunes, 26 de noviembre de 2007

Metro de Madrid... ¡Tu padre!

Tendrían que corregir el eslogan del metro, aquel que proclamaba a los cuatro vientos: "Metro de Madrid, vuela". Y es que lo único que vuelan son las horas del reloj mientras esperas a que llegue el tren a la estación.
Esta mañana tenía una reunión de trabajo fuera de la oficina. Generalmente cojo el metro tarde, con eso de que me duermo y tal... así que nunca voy agobiado, me puedo hasta sentar. Es lo que tiene viajar a las 10.30 de la mañana.
El caso es que como hoy tenía la reunión, he tenido que bajar al metro a las 8.40, para poder estar en Ciudad Universitaria a eso de las 9.10. Así que, todo confiado y pensando que llegaría incluso antes, bajé al metro en Avenida de América para coger la línea 6. Todo muy normal: los típicos plastas que se paran en medio de la escalera, los típicos gumias que te impiden pasar para coger un periódico gratuito del ADN (me pone del higadillo lo de los diarios publicitarios estos) y que se ponen en el medio y no dejan pasar... Lo de todos los días, vamos. Llegué al andén, ponía que tardaba dos minutos... un minuto... el tren que tiene que estar a punto de entrar en la estación... el tren que no viene... que viene el tren del otro andén... que viene otro del otro andén... que viene otro y lo desalojan para que vaya en dirección contraria...
A todo esto, claro está, la megafonía anunciando algo a menos 3 decibelios de volumen, así que si ya de por sí a veces cuesta entenderlo, sin apenas potencia no se escuchaba nada.
Los paneles luminosos, que para anunciar un metro fantasma que no viene, sí funcionan, tampoco anunciaban ningún indicio de la más que probada avería... Seguían llegando trenes en la otra dirección y algunos los desalojaban para llevarlos en la dirección contraria.
¿Alguien del personal de la estación para informar? NO, está claro. Cuando es una avería por culpa de otros, se hartan de repetir "por causas ajenas a Metro...". Pero cuando hay un atropello (menos mal que no es a diario) o una avería interna, ahí se hace el silencio y te comes los mocos.
Ya con el cabreo de llevar más de media hora esperando y teniendo en cuenta que mi compañero de trabajo me esperaba a las 9.10 en C. Universitaria, decidí subir al vestíbulo para tener cobertura y poder mandarle un mensaje. Así lo hice y, acto seguido, me pasé por la oficina de atención al viajero y puse una reclamación. Pero donde se pone la reclamación no es donde te dan un justificante, así que me fui a otro lado a pedir un justificante. ¿Para qué? Para joder, simple y llanamente. No me hacía falta el justificante para nada, pero haciéndolo los pago con la misma moneda con la que ellos me han fastidiado a mí. En el justificante me ponen que ha habido una avería a las 8.15... ¿¿¿8.15??? Pero... si yo bajé a las 8.40... ¿Ya sabían que había una avería? Se lo pregunto a la señora justificadora (porque es la que hacía los justificantes) y me dice, AGARRAOS, que estaba puesto en el panel electrónico. Y le digo: "Pero señora, si llevo abajo 40 minutos y ahí no se anunciaba más que una tragedia" (más o menos dije eso, no tan dramático). Y la mujer, toda ancha, me responde: "¿Usted ha mirado el cartel aquí arriba? Ahí ponía que había una avería...". Ni que decir tiene que, en ese momento, los ojos se me han puesto blancos, luego rojos, me han dado vueltas las cuencas y he empezado a escupir baba verde. Les he puesto finos, pero finos finos... "sinvergüenza" es lo más light que les he dicho y, cuando me dice la tía: "Perdona, si discuto con usted no puedo seguir haciendo justificantes", no me he podido resistir y contestar que "si no sabes escribir y hablar al mismo tiempo, mal vamos... de hecho, así va esto".
La señora se ha enfadado mucho con esta ofensa, no ha dicho nada, pero le ha dolido que, todo digno, me diera la vuelta y dejara de hablar con ella tras soltarle semejante perlita. La tía a la que le hacía el justificante dijo algo así como O_o, así que conseguí mi propósito: ridiculizar a la justificadora, por falsa.

Al final bajé al metro, línea 7, luego cogí la línea 6 en Guzmán el Bueno y, por fin, llegué a la reunión a las 10... la cual no había empezado aún xDDDD (y no me esperaban).

Así ha sido mi mañana de transporte... para que luego me vengan diciendo "colabore con nuestros encuestadores...". La leche voy a colaborar, lo que voy a hacer ahora es poner reclamaciones todos los días, como por la manía ésa que tienen de parar las escaleras mecánicas a la 1.20 a.m. que, cuando vienes cansado de lo que sea, te toca subir más peldaños que años tiene Marujita Díaz... ¡¡¡Qué estrés!!!

domingo, 25 de noviembre de 2007

Belén completado


¡¡Por fin!!

Han sido uno días muy duros... Pero ha merecido la pena. Se hallan en mi poder 4 cajas de Playmobil con todos los accesorios necesarios para montar el portal de Belén y, si me apuráis, hasta Belen D'or, ciudad de vacaciones.

El conjunto consta de: El portal de Belén (sin telefonillo), los Reyes Magos, los legionarios romanos y el emperador Herodes.

Ahora sólo queda montarlo xDDD. Tengo que limpiar toda la casa y decidir cuál va a ser el emplazamiento definitvo para la que, durante un mes aproximadamente, será la atracción turística de millones de habitantes de todos los rincones del planeta. La inauguración oficial será el domingo 2 diciembre de 2007. Reserva y venta de entradas en mi teléfono móvil. ¿Que cuál es? Pues si no lo sabes, es que no estás invitado :).


En la imagen podéis ver el gran espectáculo antes de su montaje final...

miércoles, 21 de noviembre de 2007

La cena de Navidad de la empresa...

... o cómo poder hundir tu reputación para el resto de tus días.

Se acercan las Navidades (si no, mirad el post anterior en el que el Koalita engalana su casa como si fuese la mismísima Isabel Preysler) y eso significa sólo una cosa: GASTAR.
De forma secundaria, también el mundo se vuelve más amable, generoso, recupera la memoria de los años que lleva sin llamar a su amigo de la infancia... Incluso algunos vuelven al descampado donde abandonaron al perro para darle un hueso... ¿los huesos comen huesos?
Bueno, es igual. El caso es que también es el momento de las grandes cenas... y, entre ellas, la cena de empresa.
Mi división está montando una macrocena con compañeros actuales y ex-compañeros. Promete ser multitudinaria (por el momento hay confirmados 52). Pero yo he decidido que no voy a ir. ¿Por qué? Porque me agobian esas multitudes; ésta podría ser la gran excusa. Ahora bien, otro de los motivos es que yo, como algunos sabéis, soy un poco "rarito" para comer y los menús que ponen en estos sitios no terminan por convencerme. Así que pagar más de 30 euros por no cenar adecuadamente, aparte de no disfrutar las bebidas alcohólicas (porque tampoco bebo alcohol), es un despilfarro que no quiero realizar.
Además, es que hay tanta gente... imagina que ese día, no sé, tienes el estómago mal... te ocurre algún percance y ¿qué pasa? Que se entera toda la humanidad. Porque, no lo olvidemos, los compañeros de trabajo pueden ser muy crueles. Y los compañeros de trabajo bebidos, son mortales.
A lo que íbamos. Vamos a echarle un vistazo al menú:

SURTIDO TEX-MEX ROSALES --> ¿Nachos? Bueno, aceptable.
TABLA DE QUESOS Y PATÉS --> Seguro que es un plato para cada 6 y, como no te des prisa, te quedas sin nada.
CROQUETAS DE HONGOS --> ¡Qué asco por dios! ¿Han cogido unos pies de gimnasio y los han rallado hasta sacarle los fungis? Puaj...
ENSALADA CESAR --> La más barata...

MIXTO DE QUESADILLA Y SINCRONIZADA --> ¿Esto de sincronizada es un menú informático?
o
COSTILLAR B.B.Q --> ¿Barbecue? Por favor, qué pijo...

COMBINADO ROSALES --> Fritanga variada, seguro.

AGUA, CERVEZA, REFRESCOS, SANGRÍA,
VINOS DE LA TIERRA Y COPA DE CAVA --> Que de aquí me tomo la CocaCola Light.

2 COPAS (en discoteca) --> Más de lo mismo, dos cokes...

P.V.P: 42 Euros/Persona i.v.a. incluido --> Por este precio me compro todo el Belén completo, los pastores, los Reyes, los pajes, los romanos, el Herodes y hasta me da para adornar la casa con luces.

Conclusión: un precio excesivo... mucha mucha compañía y un menú que ni fu ni fa. ¿Vosotros iríais? :////

lunes, 19 de noviembre de 2007

Ya es Navidad en Koalita's home

Oficialmente las navidades llegan a España cuando lo dice El Corte Inglés (como diría una amiga japonesa de la tele, "así me lo aprendí yo"). El caso es que, como muy bien saben los hebreos (en honor a mi querido J.L.), yo soy ateo y a mí eso de las fiestas religiosas me produce un poco de urticaria. Pero hay algo que está por encima de toda religión, algo que es inherente a uno mismo y que debería estar penado con un tajo ejemplar en la tarjeta de crédito: SER FREAKY.
Y si me preguntan si soy freaky... ¡lo soy! A mucha honra... Un freaky mimoso, dicho sea de paso.
La cuestión es que llevaba cierto tiempo dándole vueltas a la idea de decorar mi casa un poco más... navideñamente hablando. No tanto por mí, sino por mis niños y niñas. ¿Que no tengo hijos? No, tengo algo peor... ¡amigos! A veces te sangran más que un hijo xD.
El año pasado había visto un pesebre de los Playmobil y el pack con los Reyes Magos... ¡Más monoooos! ¡Más bieeeeen! Pero me dije, con mucho acierto: ¿para qué quieres semejante mierda? Así que no me lo compré y tan contento con el árbol de Navidad.
Pero este año... este año... me ha pillado más tonto que el anterior y eso que ya es difícil. Me ha salido un antojo compulsivo de tener pesebre (motivado también porque todos los que me rodean se han vuelto cristianos navideños y ahora ponen pesebres, árboles y angelitos en las puertas) y al final he ido a por él. EL PESEBRE DE LOS PLAYMOBIL ES MÍO.
Si queréis una foto de la caja original podéis verla en el siguiente enlace: http://www.playmobil.de/on/demandware.store/Sites-ES-Site/es_ES/Product-Show?pid=3996&cgid=Weihnachten
Me ha costado menos, dicho sea de paso. No es que sea una ganga, pero no ha llegado a las antiguas 3.000 pts. (esto me hace pensar que debería escribir un blog-homenaje a todos los años que llevamos sin pesetas... Pesetas, con mayúscula).

Eso sí, que nadie se compre uno... que no me gustaría ir a visitaros y encontrarme con mi Belén puesto por ahí... ¿Estamos? ;)

Sólo me falta decir que lo pondré a partir del día 1 de diciembre (he decidido que, olé mis Playmobiles, ese día empieza oficialmente la tontería en mi casita, ¡ea!).

sábado, 17 de noviembre de 2007

Y la PS2 se volvió inculta

Una pena me asola estos días... Tanto esfuerzo dedicado a mi ps2 plateada (ahora que lo pienso, no tiene nombre..., creo que la voy a llamar Farlistation, por aquello de los tabiques de plata). Bueno, que me pierdo. El caso es que, como decía, la tristeza se ha apoderado de mí los últimos días. Tras haber enseñado a Farlistation a leer juegos piratas, que me costó un montón (una pasta, más bien), la pobre ha perdido la memoria y ya no sabe leer, ni piratas ni originales. La culpa es de la óptica donde le hice las gafas. Al parecer, las lentes para la serie tabique de plata eran muy malas y, aunque usaba un disco duro, Farli (cariñosamente hablando) no ha podido soportar la tensión educativa y ha dejado de leer.
Llevé a Farli al lugar donde le habían enseñado a leer juegos piratas y me dijeron que ya no había lentes para ella... por tanto, estaba condenada al fracaso escolar. En su lugar, pasé por esa maravillosa tienda que ha cambiado 3809428 de nombre, el antiguo Centro Mail, para entendernos (ahora es Game.es, pero entre medias fue otra cosa). Allí venden PS2 obesas, el modelo antiguo, que es el que vale para acoplarle el adaptador de red. Y me llevé una PS2, una modelo azul (porque la primera negra que me llevé salió mala la pobre). Ésta, que tampoco tiene nombre (goma rota, porque no era deseada, ha venido de rebote), aunque no sabe leer piratas, tiene un maravilloso "bujero" para meter el adaptador de red... así que nuevamente podemos jugar al karaoke y a la DDR, que era el mayor motivo por el que yo quería culta a mi PS2.
Mientras tanto, he encontrado un lugar donde siguen dando E.G.B. a las PS2 y le van a cambiar la lente (eso espero). Así que ahora me voy a juntar con dos, Farli y Gomi. Ya puedo montar un clúster de playstations... el sueño de mi vida ¬¬u.

domingo, 25 de febrero de 2007

Primero fue la Bomba H... y ahora las Lush

Si te preguntan por la palabra Lush... ¿a qué te suena? A mí me suena a "lux", es decir, lujo. Efectivamente, para todos aquellos que hayan pensado lo mismo que yo, sorteamos el perrito piloto... Antes de saber lo que era "Lush" mi vida cosmética se reducía al bronceador spray del Carrefour y a las cremas antiarrugas que me regalaron en una perfumería hace un año cuando compré un frasco de colonia para mi madre.
Lush es el nombre de una tienda de jabones que hay en la calle Fuencarral. Es una de las muchas tiendas de este tipo que están surgiendo ahora como setas por toda la capital. ¿Pero por qué ésta en concreto? Porque me informó mi queridísima A.F.A. (que luego se me enfada) que, aunque lo niegue y tenga un ramalazo psicótico barriobajero de vez en cuando, es pija de Argüelles y le molan mogollón estas cuestiones. Ella fue quien me habló de la existencia de "Lush", una tienda donde tienen un catálogo de productos agradables al olfato, desde jabones, lociones de afeitado, sales de baño, mascarillas... Y tan carillas, claro. Pero el producto estrella de esta tienda son las boooooooooooombas. Una bomba, para que nos entendamos todos, es una Couldina con forma esférica y tamaño de una pelota de tenis, que se echa en la bañera y, con su efecto efervescente, crea una espuma de color y olor intensos en el interior de tu bañera.
Lo que los creadores de las bombas no advierten con letras igualmente llamativas es que, para poder usar una de estas bombas, tienes que tener una bañera clásica y así evitar lo que a continuación os voy a narrar:

Hace unas semanas fui a comprar unas cuantas de estas bombas para hacerle un regalo de cumpleaños a mi amiga S.A.V. (por si también se me enfada). Ella, que también tiene ramalazos macarras y barriobajeros, en el fondo lleva otra pijilla en su interior y este tipo de asuntos cosméticos le encantan. Se me ocurrió que sería buena idea regalarle algo de este tipo y así romper un poco con los últimos regalos siempre intelectuales (libros) o informáticos (ratones, etc.). Al final opté por ser mitad intelectual, mitad jet-set, porque acabó cayendo un libro también. El caso es que, cuando llegué a esa pequeña tienda de la calle Fuencarral, hice una rápida inmersión en su interior (llevaba prisa) y descubrí el paraíso de las bombas... empecé a sentirme atrapado.

Lo primero que sentí al llegar a la tienda fue: "Me van a pegar una clavada y no de las que me gustarían". Así, a medida que miraba los diferentes productos que había en el interior, mi Tío Gilito interior me empujaba a salir escopetado de aquel lugar. Pero yo no me podía ir sin el regalo de S.A.V., así que hice de tripas corazón e intenté llegar al quid del asunto: las bombas. Están situadas al fondo de la tienda, entendiendo por fondo el metro cuadrado escaso en el que se hayan ubicadas en una tienda de 4 metros cuadrados. Yo me había imaginado que un producto tan fascinante y de alto nivel estaría en cajitas de madera de apariencia principesca. Pero mi decepción llegó al comprobar que estaban en cestos de mimbre (las más afortunadas) y que, en el peor de los casos, estaban mezcladas sin ningún control como en un intento zoológico de obtener nuevas especies. Las que despedían brillantina estaban junto a las que debían ser relajantes, adquiriendo las últimas un tono purpúreo y estridente que anulaba todo el supuesto poder relajante que pudieran tener.

Cuanto más miraba, más me mareaba... Bombas con olor a miel, a rosas, a moras, a menta... con efectos relajantes, afrodisíacos, revitalizantes... No sabía qué hacer. ¿Le regalo una relajante para que descanse por las noches? ¿Y si le regalo una afrodisíaca para que NO descanse por las noches? No, tal vez sería mejor una revitalizante para que afronte su cumpleaños con alegría... ¿Pero no sería más alegre con una afrodisíaca? ¡¡¡Nooooooo!!!
El agobio era tal que, mientras iba cogiendo cada bola del mal y las acercaba a mi nariz para intuir de qué se componían, iban dejando en mi cuerpo sus efectos colaterales. Cuando terminé de hacer mi elección, observé por un momento mis manos y, más que haber estado de compras, parecía que hubiese terminado de trabajar en una sala de Drag Queens en la aledaña Chueca.


Salí de la tienda con dos bolitas para S.A.V. y otras dos para mí. Las dos bombas de mi amiga fueron especialmente envueltas en unas cajitas de regalo, previo pago de las mismas, pero que transportaban a las bombas cutres y plebeyas que había visto en la tienda a las más altas esferas de la jet-set cosmética. No obstante, mis dos bombas podían seguir en sus nuevos envases de plástico porque, habiendo sido yo el descubridor de tanta falta de glamour, ya me daba igual que estuvieran en fastuosas cajas o en irrisorios plásticos estridentes. Ni que decir tiene que me quedé impresionado cuando vi que las bombas, en su estado natural en la tienda, no llevan protector y van perdiendo su aroma... Pero eso sí, cuando te las llevas, te las precintan herméticamente para que conserven todo su olor... Digo yo que será más bien para que no te pongan la bolsa de transporte más brillante que un traje de lentejuelas en agosto.

Resumiré brevemente que las bombas fueron un éxito de taquilla... tanto para la tienda, que dejó a mi bolsillo tiritando, como para la persona galardonada con semejante regalo.

Ahora viene lo tremendamente escalofriante...

Unos días después decidí poner en práctica lo que tanto A.F.A. como S.A.V. ya habían probado y con tanto éxito. Para una velada tan especial, preparé mi cuarto de baño con los elementos apropiados para albergar este evento. Puse mis velas acuáticas, regalo de J.C.dl.C. y A.O.G., y otras velas aromáticas de mi propia colección. Eso, teniendo en cuenta que mi baño es oscuro, daba una sensación de siniestralidad morbosa que intensificaba el placer que iba a sentir.
Lo que no quería decir, pero ahora me veo en la obligación, es que mi baño tiene unas dimensiones que, por sí mismas, no producen dimensión. En realidad la medida de mi baño se podría llamar adimensión y es cuantificada en pies de chiguagua. De este modo se entenderá que la bañera, como tal, no puede llamarse bañera, sino más bien barreño.

> ¡¡Qué nervios!! ¡En cuanto eche la bomba a la bañera, esto se va a convertir en un jacuzzi de fragancias deliciosas! - pensaba el iluso que llevo dentro.

Cuando ya estaba a punto de empezar a llenar el barreño (o bañera, a estas alturas hay confianza y ya da igual), me asaltó una duda que debería estar en el decálogo de todo soltero que vive solo: ¿Habré desinfectado bien la bañera? Porque, para los que nunca os hayáis dado un baño, he de deciros que hay que plantar las posaderas con todas sus consecuencias. Y mi pobre barreñito pasó hace un año por una experiencia traumática que lo dejó descolorido cual payaso enemigo de Micolor (eso merece un blog aparte). Entonces decidí, previo paso al placer supremo, desinfectar la bañera con el "Don Limpio" de Eroski. Para mi asombro, quedó igual que como estaba, de lo que deduje que: a) Ya estaba limpio antes; o b) Seguía sin estar limpio después. El caso es que era tal la expectación que sentía por ver la booomba en funcionamiento que me dispuse a rellenar la bañera. Y he aquí donde también he de decir que yo no tengo gas natural, gas butano, etc. Sólo tengo un calentador electrónico que se GASta enseguida. Pero teniendo en cuenta las adimensiones de la bañera, creí que no haría falta más agua que los 80 litros de capacidad que tiene el calentador y que, además, no iba a llenar entera de agua caliente. Nuevamente subestimé los poderes ocultos de mi casa y cuando la bañera se estaba llenando de agua calentita para luego templarla, ella que es muy sabia, empezó a templarse sola antes de lo previsto; así que a medio barreño el agua ya no quemaba mucho y esto en verano sería una gozada... pero a finales de febrero es otra cosa que acaba en -ada y puedo ahorrarme el comentario.

Ante mis ojos, el agua estaba cada vez más y más templada... Pero hice de tripas corazón (y del corazón un cubito) y, armado de valor (no he pasado más miedo en mi vida), procedí a meter una pierna en la bañera. En ese momento, vino a mi mente la escena de Parque Jurásico en la que el vaso de agua tiembla en la mesa cuando se acercan los dinosaurios. Mi barreño tembló igual... todo en calma, pero el agua ondeaba con mi pierna dentro... Metí la otra pierna... y me dispuse a sentarme. Llegados a este punto, he de contar algo más sobre mi bañera. Tiene un pequeño escaloncito (y lo de pequeño es literal), que hace que te puedas sentar como cuando te pones en una sillita de niño para hacer la típica gracia de "soy un bebé" y todo el mundo piensa "eres un bobó". Y en ese momento te das con las rodillas en el mentón (como intentando complacerte sexualmente).
Pues dispuesto a sentarme, según bajaba las piernas, un ruido ensordecedor empezó a inundar todo el baño. Y unos cuantos litros de agua contribuyeron también a inundar más el baño. Está claro que en el cole nos enseñan el principio de Arquímedes por algo... Si metes un cuerpo con volumen en el agua, éste desaloja una cantidad de agua igual a su volumen... Pues imaginaos ahora a Willy (la de Liberad a Willy) entrando en un barreño... El resultado sería que habría agua en el cuarto de baño y Willy sin más en la bañera. Pero para algo se inventó el desagüe de seguridad, ése que está casi al borde de la bañera y hace desalojar agua en caso de zozobra. Según me sentaba, iba saliendo agua por el desagüe, litros y litros... ¡¡Pero yo me tenía que sentar!!

Cuando este proceso de ajuste osmótico terminó, me quedé con todo el agua fría en la bañera (ya se sabe que el agua caliente sube y la fría baja, por lo que la que primero desalojó fue la caliente). Ya temblando por la situación, decidí que pasase lo que pasase tenía que sumergir la bomba y acabar de una vez con el mito. Y así hice: eché la HONEY BEE en lo que quedaba de agua y... ¿Eres capaz de imaginar lo que pasa cuando echas una Couldina en medio centímetro de agua? Que la pastilla intenta deshacerse, pero le faltan fuerzas... Pues la honey bee igual. La pobre agonizaba, intentando mimetizarse en ese agua glaciar, pero su desaparición se hacía lenta, dolorsa... Yo no hacía más que mirar atónito semejante ridiculez: la bomba parecía un pedete en sus últimos suspiros... el agua empezó a enturbiarse, tanto como mi ilusión. Pasados unos minutos, la bomba quedó reducida a un trozo asqueroso e interte que ya no quería descomponerse... tuve que darle ánimos, aliento, para terminar de disolverla...

Para terminar, debo confesar que tuve que lavarme como los gatos: echándome aguachirri de ésa por encima del cuerpo en un intento de perfumarme y amortizar la bomba. Es la experiencia cosmética más lamentable que he tenido en mi vida. Aunque aquella noche dormí con un suave olor a miel y unos cuantos paquetes de pañuelos en la mesilla.

Sigo teniendo una "Perla negra" sin usar... os la vendo.